NOTICIA

ETICA Y TRANSPLANTES EN LA ACTUALIDAD

(Documento publicado en “Artes y Letras” de diario El Mercurio, año 2000)

El éxito que algunos trasplantes tienen como herramienta terapéutica es un hecho establecido. Es así como los resultados alejados de los trasplantes renales es tan bueno como los resultados del manejo del infarto agudo del miocardio o el exitoso tratamiento de cáncer de mama. Lo anterior no significa que esta terapia esté libre de problemas que sobrepasan aquellos de índole propiamente técnica, que son numerosos. De ellos, los problemas éticos ligados a la obtención de órganos es el más importante. En el trasplante de un órgano par, como el riñón, se puede elegir dos tipos de donantes: donantes vivos voluntarios o donaciones de pacientes en muerte cerebral. En los trasplantes de órganos únicos, como corazón e hígado, obviamente los únicos donantes son estos últimos.

El uso de donantes en muerte cerebral comprobada, tiene sólidas bases éticas fundamentadas en los siguientes hechos:

-Primero: el paciente que ha sufrido muerte cerebral está, irremediablemente, en su rápido proceso que determinará en pocas horas en un paro cardíaco irrecuperable, hágase lo que se haga, ya que por definición, ella se acompaña de paro respiratorio. Si se siguen estrictamente los criterios científicos para el diagnóstico de muerte cerebral, es imposible que un neurólogo se equivoque. El seguimiento de más de 2.000 pacientes en muerte cerebral, siguiendo los criterios diagnósticos establecidos ha demostrado que nunca un paciente en esas condiciones se ha recuperado. Los casos anecdóticos de pacientes recuperados o que han vivido varios meses supuestamente en dicha condición corresponden a estados vegetativos persistentes y no a muertes cerebrales.

-Segundo: Lo que define la vida humana, es su capacidad de sentir y pensar. Todos los maravillosos sistemas que tiene el hombre están destinados a que el cerebro funcione y que la especie se perpetúe. De lo segundo se puede prescindir por enfermedad o por voluntad, pero el sentido y el pensamiento son inherentes al hombre; aún en condiciones de demencia con pérdida del pensamiento lógico, el tener sensaciones está presente. Es cierto que los médicos mantenemos con vida a pacientes en coma por períodos muy prolongados, pero allí, a diferencia de la muerte cerebral, la muerte no es inminente, hay funciones cerebrales, al menos eléctricas, y muchas veces la patología es potencialmente recuperable en forma parcial. En la muerte cerebral en cambio, sólo existe un corazón latiendo porque hay un respirador oxigenando la sangre y porque se está manteniendo artificialmente, con drogas, una presión arterial mínima que permite oxigenar este corazón. Un corazón manejado en esa forma, pero fuera de una persona también late y nadie lo duda. A la luz de los conocimientos actuales no es el latido cardiaco lo que define la vida sino un cerebro funcionando aun en las mínimas condiciones

-Tercero: El tercer elemento a tomar en cuenta en los fundamentos bioéticos del uso de órganos de donantes en muerte cerebral son los principios del “Bien Común” y de “Daño Menor”. Así, existiendo un enfermo en muerte cerebral, en muy poco tiempo sus tejidos entrarán en proceso irreversible de descomposición, el que puede iniciarse incluso antes del paro cardíaco, perdiéndose irreversiblemente un material irremplazable, irreproducible y que a su dueño de nada le sirve. En cambio, existen cientos de seres humanos, los que cumplen con todos los atributos que definen la vida pero, que están muy limitados en su capacidad de vivirla o morirán en un plazo corto. Ellos sí que se beneficiarán enormemente recibiendo los órganos o tejidos que estén por perderse.

Al lado de las discusiones sobre ética de los trasplantes de cadáver y lo que realmente significa la muerte cerebral, se ha levantado una polémica en torno al consentimiento de una donación.

Nadie discute la legitimidad moral del consentimiento previo a una donación: es el más mínimo respeto a la libertad personal, base de las normas que rigen las sociedades justas. El cómo obtener ese consentimiento es sólo un problema de método si, entiéndase bien, se respeta la libertad de decidir y se garantiza que los sistemas de salud serán de extrema estrictez en el control y el cumplimiento de lo único realmente importante en este tema: que el paciente reúna todos los criterios de muerte cerebral. Si el consentimiento es directo: todos los ciudadanos deciden donar o no el día que puedan estar en muerte cerebral, o indirecto: se presume donante a todo quien no ha señalado explícitamente lo contrario.

En suma. Lo realmente trascendente es que el aceptar donantes en muerte cerebral es ético; si la forma de consentimiento es explícita o presunta dependerá de las costumbres y cultura de cada país. En el nuestro, se dan las condiciones que el tema se está debatiendo desde hace 13 años y en forma masiva en los últimos cuatro. Es poco probable que la población no tenga una adecuada información y aquella que no la tienen en general vive lejos de sitios en los que se hace procuramiento por lo cual es difícil que se enfrente a una extracción sin haber sido informada.

Al lado de todas estas posibilidades que solo son hipotéticas, hay una terrible realidad: un gran número de nuestros compatriotas están muy limitados en su vida, muchos de ellos sufriendo por años y otros cerca de la muerte. En ellos un trasplante actuaría con la misma fuerza que un milagro: en general actúa con la misma fuerza que un milagro: revirtiendo lo irreversible. No obstante, ello no ha ocurrido, pues nuestra sociedad lleva más de una década discutiendo las formas y no el fondo del problema.

Dr. Emilio Roessler B. Nefrólogo Jefe Medicina Hospital Salvador


Fuente: www.transplante.cl